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Detroit.
Detroit. Detroit. Eso es lo que nos ofrece como
cabeza de cartel este festival. Por un lado está
Derrick May, creador primigenio del sonido y probablemente
su gran ideólogo. Cuentan que cada uno
de sus sets es tan diferente al otro que comienzan
a ser consideradas clases magistrales. La mano
es más rápida que el ojo. Por otro
lado el gran Kenny Larkin. Frio en cualquier situación,
capaz de controlar todos los estados de la mente,
es capaz de, sin inmutarse, llevar a su público
hasta situaciones realmente límites. Sudor
y lágrimas.
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